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Novela romantica 10: Oops... Mi Rival es mi Vecino por Noor Azur

  • Foto del escritor: Noor Azur
    Noor Azur
  • hace 2 días
  • 6 Min. de lectura

Camino por los pasillos de Epicurean Ventures y mi cerebro no puede dejar de pensar en la nueva actualización que estoy haciendo en el sistema. Todos van a gritar por los cambios, pero no importa; van a tener que superar una pequeña curva de readaptación y al final todos seremos felices. O eso me digo.


Ignoro toda esta estética de "oficina moderna" que intenta convencerte de que pasar 14 horas trabajando aquí es increíble. Se lo he dicho a Mosi mil veces: esto es puro confort diseñado para que nos quedemos más tiempo, y él solo sonríe porque lo sabe perfectamente.


Por fin llego a la cafetería. Veo que pusieron mis galletas favoritas; tomo un plato y me sirvo tres sin culpa. Me voy directo a la máquina de café, esquivando a un par de pasantes que discuten sobre la última serie de Netflix que, para variar, no he tenido tiempo de ver.


Ahí están Galia y Tess, con los ojos clavados en una tablet y cara de querer estrellarla contra la pared.

—Es imposible —protesta Tess, frustrada—. El software nuevo para los restaurantes me está sacando. He reiniciado el acceso tres veces y el sistema me sigue mandando al diablo. No se mueve.

Mientras espero que mi capuchino de vainilla y caramelo doble baje a la taza, le echo un ojo de medio segundo a su pantalla.


—No es el bloqueo, Tess —digo, sin mirar la pantalla—. Todavía no tienes el acceso aprobado y por eso no puedes entrar. Tienes que solicitarlo a mi departamento —le sonrío mientras se lo digo—. Si me lo pides ahora, vas a estar adentro antes de que yo termine este café con galletas.

—… ¿Cómo sabes eso tan rápido?

Me encojo de hombros.

—Porque es obvio.

Galia se ríe.


—A veces me das miedo, Tara, de verdad —suelta Galia, mirándome como si fuera un bicho raro—. No entiendo cómo esto se te da tan bien. Yo me estreso con la tecnología.

Tomo mi café, sintiendo el calor de la taza en las manos mientras las observo con satisfacción.


—Galia, a los diez años, mientras tú conquistabas chicos, yo ya estaba diseñando una aplicación para comunicarme con mi madre porque el teléfono no me gustaba.

Le doy una mordida a mi galleta y me doy media vuelta de camino a mi oficina con el café en la mano y una idea fija en la cabeza: alguien está manipulando algo dentro del sistema de la empresa. No es un error técnico. No es una falla humana común. Es intencional.

Y yo odio que me toquen el sistema.


Soy Tara Vercetti, gamer pro y programadora de élite. Mi historia se complico cuando descubrí que el juego más peligroso no estaba en el sistema, sino cinco pisos más abajo, personificado en un vecino tan insoportable como atractivo.


Ojo, yo no estaba buscando conocerlo y sentir algo por él. Estaba buscando ganar. Ser la primera en Bayline, demostrar que soy la mejor en lo que hago y punto.


Si te gustan los enemies-to-lovers, el romance digital, Forced Proximity, un romance a fuego lento y un vecino que es un fastidio.


Dale clic y empieza a leer mi historia: Oops... Mi Rival es mi Vecino por Noor Azur




Prólogo: Oops... Mi Rival es mi Vecino por Noor Azur

TARA


Junio, 2025


Nova Bar está lleno, pero en ese punto agradable donde todavía puedes hablar sin gritar. El bajo retumba lo justo para que lo sientas en el pecho. Las luces azules hacen que todo el mundo se vea un poco más interesante de lo que probablemente es. Me gusta este lugar. Aquí nadie sabe que hoy casi lanzo el portátil por la ventana.


Niva está sentada frente a mí, luciendo impecable como siempre. Me mira por encima de su copa de Martini y arquea una ceja con expresión de "sé que me estás ocultando algo".

—Oye, hace siglos que no te veo la cara fuera de una pantalla —suelta Niva, dejando la copa sobre la mesa—. ¿Qué tiene de Bayline tan ewpecial que me estás sustituyendo nuevo que te tiene desaparecida? ¿Acaso los píxeles ahora vienen con abdominales?


Volteé los ojos y di un sorbo largo a mi trago. El alcohol quemó suavemente, justo lo que necesitaba para confesar mi pecado.


—No es el juego, Niva. Es... el entorno. Aunque admito que me estoy pasando de horas frente al monitor. Siento que cada vez que entro a Bayline, el mundo real se vuelve un poco más aburrido.

Niva se inclinó hacia delante, interesada. Ella vive por y para el chisme de calidad. —Cuéntame. Ya sabía yo que había algo. ¿No hay ningún novio nuevo? ¿Qué pasa con ese tal Carl que mencionaste? Sabe de computadoras como tu, es alto... es tu tipo ideal.


—Carl es... Carl. Fue una buena cita —. Pero mi cabeza está en otro lado. Bueno, en otra realidad, para ser exacta.


Niva dejó su copa y sus ojos se iluminaron. —A ver, suéltalo. Empieza por el principio.

—Creo que estoy enamorada de un avatar —solté de golpe.


Niva se echó para atrás en el taburete, con los ojos como platos. Se quedó callada dos segundos antes de soltar una carcajada que hizo que Jordan el mixologo se girara.

—No jodas, Tara. Eso tiene que tener una etiqueta ahora mismo. En este mundo donde a todo le ponen un término, esto debe ser "digisexual" o algo así. Déjame buscar en TikTok si eso existe.


—¡No te rías! —le di un golpe juguetón en el brazo—. Te lo digo en serio. Es un jugador con el que coincido desde hace un mes: su usuario es ShadowBite


Al principio me caía fatal, muy creído y seguro de su juego, pero cuando vio mi jugada ahora me respeta, bueno seguimos compitiendo todo el tiempo, es mi rival número uno. Me roba los botines para fastidiarme,... 


—¿Y qué cambió? —preguntó Niva, recuperando el aire—. ¿Te regaló una espada de diamante o qué?

—No. Empecé a admirarlo. Es demasiado bueno, Niva. Cada vez que me gana, en vez de enojarme, me quedaba analizando cómo lo logró. Tiene una mente... muy rápida y estratégica. Me divierte, me empuja a dar más y ayer me protegió de un ataque que no vi venir.


Pasamos de intentar destruirnos a ser aliados aunque aún no lo reconocemos abiertamente.

—Y de aliados a la "digisexualidad" —remató Niva con una sonrisa maliciosa—. ¿Ya tuvieron una cita virtual o algo así?


Niva frunció el ceño, incrédula. —¿En el juego notó que estabas deprimida?

—Sí. Me dijo que mi tiempo de reacción era tres milisegundos más lento de lo habitual y que estaba cometiendo errores de novata. Me dijo: "codeQueen25, tú no estás bien hoy en el mundo real". Me dejó helada. Nadie en la oficina se dio cuenta, ni siquiera mi madre cuando hablamos por FaceTime, pero él sí.

—Joder —Niva se puso seria por un momento—. Qué hombre tan observador. O es un genio, o es un acosador profesional. ¿Te has planteado que puede ser un viejo de setenta años en calzoncillos usando un modulador de voz?


—No digas eso —me estremecí—. Es muy inteligente. Me ayuda con conceptos de arquitectura de sistemas que son de otro planeta. Tiene una energía... no sé, muy masculina, muy protectora pero dominante a la vez.

—Es un avatar, boba. Puede ser cualquier cosa —insistió Niva—. ¿Y qué vas a hacer? ¿Lo vas a invitar a salir de verdad?


—¡Ay, no! —exclamé de inmediato—. Prefiero que todo se quede en la nube. Es más simple. Puedo estar en pijama, despeinada, con una pizza fría al lado, y para él sigo siendo la guerrera invencible. Sin expectativas, sin decepciones, sin tener que depilarme las piernas para una cita que probablemente será un desastre.


—Y tampoco hay contacto físico —Niva arqueó una ceja—. El romanticismo moderno es muy eficiente, pero el sexo por Wi-Fi todavía no me convence.


—Bueno, para eso tengo mi vibrador de conejito —respondí riendo—. Ese no necesita conexión a internet y nunca me pide que le explique cómo funciona un cortafuegos.


Niva estalló en carcajadas otra vez. Estábamos en medio de la risa cuando la música del bar cambió a un ritmo más movido. Me quedé mirando mi cóctel, pensando en que mi vida se estaba dividiendo en dos: la Tara que lidiaba con el estrés del dia a dia y la codeQueen25 que sentía mariposas en el estómago cada vez que una notificación de ShadowBite aparecía en pantalla.


—Solo ten cuidado —me dijo Niva, dándole el último trago a su Martini—. El mundo virtual es cómodo, pero tarde o temprano vas a querer tocar a ese hombre. Y espero que cuando ese día llegue, no te encuentres con una decepción de un giga de tamaño.


Asentí en silencio, aunque en el fondo sabía que ya era tarde. 

Asiento. No le digo que ya he pensado en eso. Que me da miedo que sea una decepción. O peor, que no lo sea.


Mañana me pondré el visor otra vez. Y sé que él estará ahí, esperándome.

Y ahora mismo, eso me basta y me gusta y mucho.




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Relato escrito por Noor Azur 💖

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