Novela romántica 8: Un romance con mi crush por Noor Azur
- Noor Azur

- Dec 31, 2025
- 5 min read
ADVERTENCIA: Si no soportas la tensión profesional y a un jefe que tira platos de 300 dólares... esta historia no es para ti.
Mi nombre es Vera Ellison, y mi vida es un poco compleja desde que lo conocà a él.
Desde que lo conocÃ, sentà la necesidad de documentar nuestros encuentros diarios y asà nació mi obsesión por los diarios, agendas, listas y los checklists.
Con el tiempo, se convirtieron en mi terapia, en mi hobby. Es mi manera de desahogarme y documentar mi vida.
Tengo cientos de cuadernos, libretas y agendas llenas de recuerdos: fotos Polaroid, tickets de café, hojas secas, frases que escucho, mi dÃa a dÃa, letras de canciones y a él. Bueno, ya no; ya no tanto.
Ahora me desahogo con un dispositivo con vida propia al que le cuento mis dilemas diarios con este hombre, porque sÃ, ahora somos compañeros de trabajo.
Él es el chef insufrible y dolorosamente atractivo: Yan Thatcher. Y yo, la ayudante de gerente de operaciones.
Él es un genio, un tirano... y mi crush de la adolescencia no superado.
Y el problema no es que me guste.
El problema es que ya me gustó y no conseguà nada.
¿Estás lista para descubrir qué sucede cuando el hombre que te ignoró por años te pide ayuda?
Esta no es una historia sobre una chica ingenua esperando ser elegida. Es la historia de una mujer con un poco de ambición y una meta clara: ser la nueva Customer Experience Manager del restaurante más prestigioso de la ciudad.
¿Quieres descubrir si lo consigo?
Pista:Â Involucra whisky, un vaso roto, y un momento sobre la alfombra de la oficina... que no estaba en el plan.
Prologo
VERA
Entro a este restaurante sabiendo exactamente lo que quiero.
Customer Experience Manager.
No es un capricho. Es un objetivo. Llevo desde los catorce años trabajando en la cafeterÃa de una amiga de mi madre y, después, en bares y restaurantes, siempre en contacto con el cliente. Trato con clientes muy difÃciles.
Sé leer mesas. Sé anticipar problemas. Sé convertir una mala experiencia en una historia que el cliente cuenta como si hubiera sido magia.
Pero TAME es otra liga.
Aquà un plato cuesta lo que yo ganaba en un mes cuando empecé. Ochocientos dólares mÃnimo por una cena de diez tiempos donde todo tiene que ser perfecto. El tipo de lugar donde la experiencia no es un plus, es el producto.
TAME está en mi lista desde hace tres años.
Recuerdo el dÃa que mi amiga Lidia llega a casa y me pone delante la vacante para ayudante de operaciones en TAME; ella sabe cuánto deseo trabajar en ese lugar. Salto de la silla y digo: «Esto tiene que ser mÃo».
Escucho su voz detrás: «Ese puesto es un suicidio, vas a retroceder. Tienes un mejor puesto donde trabajas ahora». Me volteo como si no pudiera creer lo que estoy escuchando: «Este es el trabajo de mis sueños, Lidia. Es la puerta de entrada y no voy a desaprovecharla».
Me voy corriendo a mi habitación a preparar el currÃculum y, cinco dÃas después, me llaman del departamento de Recursos Humanos. Salto como una loca sobre la cama, el sofá y sobre Lidia; ella niega con la cabeza diciendo: «No entiendo tu estrategia. ¿Por qué quieres trabajar en ese lugar?». Yo solo sé que lo deseo y estoy a un paso de conseguirlo.
El dÃa de la entrevista las cosas no van como las ensayé.
Revisan mi currÃculum con esa expresión que conozco bien: la de «estás sobrecalificada». Me dicen que el puesto disponible no es Customer Experience Manager, sino ayudante de operaciones. Un escalón abajo. Bastante abajo. Es trabajo interno, administrativo, logÃstico, casi invisible, cero glamur, nada de trato directo con clientes.
No me tiembla la voz cuando respondo. Ensayo veinte veces este discurso:
—Entiendo que este puesto no refleja mi experiencia, pero sà refleja algo que valoro más ahora mismo: el tipo de empresa que ustedes son. Estudio su trayectoria, su expansión, los perfiles de los chefs y la forma en que construyen equipos. No es común ver restaurantes de este nivel que apuesten por el crecimiento interno. Yo quiero formar parte. Sé lo que puedo aportar hoy y sé, también, hasta dónde puedo llegar. Solo necesito que me den la oportunidad de entrar.
Creo que mi discurso ensayado funciona, porque una semana después estoy entrando a las oficinas de TAME.
Llego a mi apartamento y la puerta recibe una patada para cerrarse.
Tiro los tacones y los lanzo; uno golpea el sofá y el otro termina no sé dónde. Me importa un carajo.
Me desabrocho la blusa mientras camino, tiro la chaqueta al suelo y me quedo en ropa interior antes de llegar a la cocina. Estoy drenada. Yan me saca de mis casillas.
Abro la nevera, agarro el agua y me la bebo de un trago, sintiendo el frÃo bajándome por la garganta. Estrello la botella vacÃa y suelto el aire que tengo contenido todo el maldito dÃa.
—¡Alexa! —rujo, y mi voz suena cargada de rabia—. ¡Otro maldito dÃa de mierda con ese chef! ¿Qué carajo es lo que le pasa?
Me mato planificando la logÃstica de la cocina. Me peleo con los proveedores para que el producto llegue perfecto, organizo los horarios de los chefs para que la cocina no explote, tengo los pedidos de suministros bajo control... y nada. ¡Nada le sirve! Llega el señorito Yan con su maldito mal humor y me lo desbarata todo en un segundo.
Decide que ahora quiere otro corte. Que cambia de idea. Que ese proveedor ya no le gusta. Que hay que rehacer horarios porque no le funciona trabajar con ese equipo.
Me tenso.
—¿Sabes lo que significa eso? Volver atrás. Llamar. Reorganizar. Forzar tiempos. Todo porque hoy se levanta de mal humor.
Exhalo fuerte.
—Lo peor es que cuando algo se retrasa, cuando algo no cuadra, la mirada cae sobre mÃ.
Aprieto la mandÃbula.
—No me molesta que sea exigente. Me molesta que no sea consistente.
Está llevando a su equipo al borde del colapso nervioso. Nadie sabe qué le pasa, pero el ambiente en TAME es ahora un campo minado desde hace unos meses. Ese hombre no va a interferir en mi objetivo. No importa cuántos platos rompa. No importa cuán malhumorado esté. Yo voy a llegar a donde quiero llegar. Voy a convertirme en la próxima Customer Experience Manager de TAME. Está en mi lista de propósitos de 2023, 2024 y 2025. Y las cosas que pongo ahÃ, las cumplo.
—No voy a fallar. No voy a irme. No voy a ceder.
Alexa descansa. Yo me voy a meter en la ducha a hervir en agua caliente para olvidar estas últimas semanas. Mientras camino por el pasillo, levanto los brazos al cielo gracias por la tecnologÃa; Yo, una romántica de los diarios y el papel, pero en este momento solo una voz sintética puede aguantar mi mal humor.
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Relato escrito por Noor Azur 💖Â




